Aquel amigo que conocí, sin pensar lo comprendí,

al evitarlo lo admití, al encontrarlo lo descubrí,

la esperanza de vivir, me volvió a consentir,

en la desidia de sentir, en su amistad me convencí,

que las sorpresas y las coincidencias te repiten…estoy aquí.

Cuanta dicha concedí, al saber que está aquí,

me envuelve una gran sensación de paz y locuaz confusión,

que impresionan al alcanzar, el volar en la utopía,

de consentir esta gran dicha, que al amigo concebía.

El compañero de trabajo que encontré,

que se convirtió en el amigo fiel,

en la bella y sensacional persona que me dio consejos,

a pesar de su concebida historia de amargas vivencias,

a veces sin darse cuenta del ánimo y aliento que traía a mi vida.

El ser, que sin saber me brindó

con una sonrisa, o una mirada.. una palabra de consuelo,

el extraordinario amigo que lejos de ser aquel ser superficial,

que aparenta ser lo que no es,

es el individuo más sensible que he conocido.

La amistad la encuentras en donde menos te imaginas,

no es lo mismo el compañero de trabajo,

que el amigo que dejaste ver, al dejarte conocer,

es la realización de encontrar el extraordinario,

motivo que nos regala a cada uno de nosotros la amistad.

Desde la mañana es la carcajada,

desde que te conocí fuiste un ir y venir,

que admitía sin saberlo que ser feliz está en sentir tu porvenir,

con el esfuerzo que encuentras en el camino de la vida.

Te conocí en la poesía, en la canción que recogías,

cuando con tu singular sonrisa, consentías mis palabras,

con un mensaje que te hacía cambiar de ánimo cada día,

ahora que la corta distancia aleja nuestra amistad,

a la que nos hemos acostumbrado en la rutina del cada día.